Poema de Navidad

Ding, dong, las campanas repican a muerto para los cochinillos, los pavos, los pollos y las gambas. Afligidos están, pues los invitan a una cena macabra a la que no quisieran asistir. Réquiem para un gallo devorado en familia. En el Corte Inglés sonrisas y cálidos adornos de color rojo; en la calle, tristeza y frio ocre. Nos quieren vender un trineo, porque ya es Navidad. Consumamos y engordemos sus bolsas de oro, incienso y mirra. Compremos su vino, su champany y tantos perfumes que no esconden el maloliente engaño. Participemos en el gran sorteo, porque es Navidad. ¿A quien le toca ser el décimo deshauciado del día por los bancos? Nos regalan calendarios, nos obsequian con sartenes, pero los usureros se quedan con nuestra casa y aún les seguimos debiendo un dinero que no tenemos.

Los gobernantes, en medio de este desgobierno indecente, quitan el pan al pueblo para dárselo a los financieros y, con nuestra sangre alimentamos su banquete en honor de la niña de don Marianito. Con el sorteo del Niño, vamos a ser agraciados con más desgraciadas medidas de austeridad. Austeridad de pan con gaseosa para los pobres; marisco y vino caro para el político y el banquero. El turrón será este año demasiado duro para nuestras dentaduras. Pero sonriamos, enseñemos los dientes carcomidos por la caries de la corrupción. ¡Es Navidad! No es que nos quieran más que cualquier otra época del año, pero ahora nos enseñan más que nunca sus afilados colmillos carroñeros. Famélicos acechan en nuestra mesa de Nochebuena. Vuelan maletines entre los hombres de mala voluntad, en las noches de paz y avaricia. A los culpables de la situación, el gobierno no les trae carbón; les da el fruto de nuestro trabajo. El pueblo aborregado en un rebaño pastando en el conformismo siempre es vencido. Y sometido. Otra vez viene el lobo, a alimentarse de nuestros despojos. ¡Pobres ovejas incautas, balándonos las unas a las otras, repitiéndonos frases sin convicción como loros! La hipocresía galopa a sus anchas en Navidad. En estas fechas tan entrañables, todos fingimos querernos más; ya habrá tiempo para sacarnos mútuamente las entrañas.

Desde un pesebre, mi borriquillo sigue en deuda tras el desahucio, pero no espera que venga a visitarlo ninguna virgen a punto de parir. Paridas, las que nos quieren hacer tragar en forma de hostia. Cuan indigesta puede ser la verdad. Yo quiero tener fe en la verdad y fantasía para soñar, pero no deseo tener fe en la fantasía. Todo es una fábula de esos señores de larga túnica y corta tolerancia a que les lleven la contaria. Presiden grandes catedrales, pomposos templos a la explotación del pobre. Someten la razón y la verdad, y nos embalan con un lacito púrpura sus mentidas. Sus privilegios y sus riquezas no son deseo del Señor. Convivieron con dictaduras asesinas, torturaron a herejes y bendijeron las guerras donde murieron hombres en nombre de su Dios. Critican el aborto al mismo tiempo que consienten la pena de muerte. Condenan el sexo entre dos hombres o entre dos mujeres. Imponen reglas al amor, las suyas. Adoran a la Virgen María, pero menosprecian a la mujer. Estos machistas no pagan impuestos, disfrutan de prebendas, influyen en las decisiones de gobiernos, nos dicen lo que está bien y lo que está mal, y nos bendicen con su falsa moralidad. Nos amenazan con el oscuro infierno abrasador, mientras comulgamos en la blanca nieve helada.

No quiero saber nada de las brasas eternas, solo quiero sentarme junto al fuego esta noche y hacerte el amor frente a la chimenea. No confío en la suerte de la lotería, afortunado soy de haberte conocido. No quiero que me regales un lote de colonias, solo quiero sentir el perfume de tu presencia. No me vengas con Reyes Magos, que soy republicano. No quiero escuchar el mensaje navideño de don Juan Carlos, prefiero oir tus ardientes susurros en mi oido. Enviemos a la mierda el consumismo, y consumámonos de pasión esta noche, ya que quizá mañana nieve sobre nuestro futuro.

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